Un recuerdo de tu último viaje.

Cuando realizamos un viaje nos gusta llevarnos un pequeño detalle del lugar que hemos visitado, un souvenir. Unas veces es para nosotros y otras para regalar. Es como la prueba de que estuvimos allí. Un artículo especial que de una sola ojeada nos recuerde los momentos tan agradables que vivimos en nuestro viaje. Curiosamente, todos solemos comprar los mismos productos y en el mismo tipo de establecimientos, cuando existe una gran variedad de artículos y diferentes lugares donde adquirirlos.

De pequeños, cuando hacíamos una excursión con el colegio, había un momento del viaje en el que todos los niños salíamos en estampida a la tienda de regalos. Con el dinero que nos había dado nuestros padres comprábamos el regalo para nuestra madre. Al llegar a casa abríamos el bolso de viaje y se lo entregábamos, orgullosos de nuestra adquisición. Nuestra madre nos lo recibía con un beso y lo colocaba en un mueble del recibidor. Muchas madres han decorado la casa con aquellos pequeños objetos. Algunos mantenemos la costumbre. Al realizar un viaje de vacaciones o una escapada nos hacemos un hueco para comprar los regalos. Este para mamá, este para mi hermana y este me lo quedo yo.

Los souvenirs más comprados.

En un artículo, Univisión hace una lista de los objetos de recuerdo más presentes en las casas de los viajeros. Un común denominador que traspasa fronteras.

  • El imán de nevera.

Es el souvenir más comprado con diferencia. Ha rebasado la función con la que fue diseñado. En un principio se utilizaba para fijar notas en la puerta del frigorífico: la lista de la compra, tareas pendientes por realizar o un mensaje recordatorio para nuestra pareja. Hoy en día, gracias a estos imanes, los frigoríficos están tuneados como si fueran un álbum de recuerdos. Son como las icónicas pegatinas que se colocaban en las maletas, esta vez de quita y pon, y adheridos al metal exterior de la nevera.

  • Miniaturas de monumentos emblemáticos.

Copias de la torre Eiffel, de la Sagrada Familia, de la puerta del Alcalá, del patio de los leones de la Alhambra. Fabricadas con distintos materiales: porcelana, piedra, metal, resina, plástico, de diferentes tamaños y con distintos niveles de resolución y de calidad. Son objetos eminentemente decorativos que tienen su versión más práctica en los recurridos llaveros.

  • Las postales.

Aunque se ha perdido las costumbres de enviar cartas, las postales siguen siendo un producto estrella. La amplia variedad de diseños y su precio económico las convierten en un recurso para hacer regalos a mucha gente. Son coleccionables y permiten quedar bien sin gastarse mucho dinero.

  • Productos textiles.

Camisetas, gorras y sombreros con el nombre serigrafiado del lugar visitado y un diseño evocador son unos de los productos más adquiridos. Tienen un valor práctico y están pensados para utilizarlos en varias ocasiones. Un detalle para aquellas personas que no le dan mucho aprecio a objetos decorativos, pero, en cambio, sí pueden encontrar una utilidad para estos otros productos. En ocasiones lo adquirimos para nosotros, por ejemplo un sombrero para proteger nuestra cabeza del sol. Al llevarlo a nuestra casa, no solo tenemos un recuerdo, nos puede ser útil un día que nos dé por dar un paseo por el campo.

  • Objetos con la frase “I Love…”

Esta frase es uno de los grandes aciertos del marketing. La palabra inglesa “I”, seguido de un corazón rojo dibujado y el nombre del lugar, ha generado una infinidad de productos comercializados en todas las partes del mundo. Una plantilla que se creó en Nueva York y se ha extendido por todo el planeta. Lo encontramos en camisetas, sudaderas, tazas, bolsas de tela, etc. De una manera sencilla se obtiene un producto personalizado.

Souvenirs representativos y prácticos.

Cuando visitamos un lugar hay que atender a la producción característica de la zona. A aquellos elementos diferenciadores. Con ello obtenemos un objeto más relacionado con el sitio. Nos llevaremos a casa un recuerdo diferente y especial. Si por casualidad visitamos Talavera de la Reina o Sevilla, lo normal es que adquiramos algún objeto fabricado en porcelana. Porcelana de Talavera o porcelana de la Cartuja. Alguna pieza de vajilla, un plato para colgar en la pared o sencillamente un cenicero. Si vamos a Toledo podremos comprar una espada, en honor a la tradición armera de la ciudad, o una caja de mazapanes. Si acudimos a Córdoba, no podemos despreciar sus joyas fabricadas en plata. Los plateros cordobeses son famosos desde la época de los árabes. Echar un vistazo a la artesanía local, por lo general, nos proporciona buenas ideas.

Atender a las tradiciones y la cultura del lugar es otra de las fuentes de inspiración para llevarse un buen recuerdo. Para ello hay que hacer un esfuerzo por huir de los tópicos e investigar un poco. Nos unirá más al lugar visitado y los oriundos lo agradecerán. Nos llevaremos un objeto que realmente nos recuerden al sito, y si los regalamos, tendrá detrás una historia que contar. Si visitamos Euskadi podemos comprar, entre multitud de opciones, una txapela, una boina de tamaño grande que es exclusiva del país, o una pequeña txalaparta, un instrumento característico de la zona parecido a un xilófono que se toca dejando caer troncos de madera. Si vamos a Oporto (Portugal) podemos llevarnos una botella de vino con el año de embotellado pintado en blanco sobre el cristal, eligiendo el año de nuestro nacimiento o el de una fecha señalada. Antes de que se convirtiera en un souvenir para turistas, los viticultores de la zona utilizaban este método para clasificar sus botellas.

Debemos pensar en el destinatario de nuestro regalo. Según nos comentan en Photo original grifts, una empresa fabricante de artículos de recuerdo, estos objetos deben ser originales y personalizados. Si se lo vamos a regalar a alguien que colecciona adornos decorativos, debemos tener en cuenta los que tiene y seleccionar a aquel que se ajuste a sus gustos y complete su colección. Si le hacemos el regalo a alguien muy cafetero, una taza personalizada es una buena opción. El valor y la utilidad que el destinatario le dé al objeto es un criterio para elegirlo, de esta forma nos aseguramos de que no termina almacenado en el fondo de un cajón.

Variedad de sitios donde comprarlos.

Solemos recurrir para comprarlos a las clásicas tiendas de souvenirs que se concentran en las calles donde hay un gran paso de turistas o en las inmediaciones de conjuntos monumentales. Son tiendas especializadas con una amplia variedad, pero por desgracia, cada vez venden menos objetos propios de la zona y más artículos estandarizados. Hay una globalización de establecimientos de este tipo, y una tienda de souvenirs de Roma se parece cada vez más a una que puedas encontrar en Palma de Mallorca.

Otros establecimientos apuestan por la venta de artículos de recuerdo, diversificando su oferta y mejorando el servicio que prestan a sus clientes. Este es el caso de hoteles, casas rurales o zonas de restauración de áreas de servicio. Muchas de ellas recurren al comercio de proximidad, ofreciendo objetos característicos producidos en la zona, y guiándose por la originalidad, para diferenciarse de las tiendas clásicas del sector. Todo ello, sin olvidarse de los gustos y preferencias del público.

Si accedes a una ciudad por una carretera, y no por la autovía, es probable que encuentres tiendas en la cuneta donde fabricantes de productos típicos vendan directamente su producción. En zonas donde se trabaja el barro hallarás tiendas de loza, y en otras famosas por trabajar el cuero, tiendas de marroquinería. Callejeando por las calles de los cascos antiguos es habitual encontrar talleres de artesanos que ofrezcan su producción.

No te quedes con lo primero que encuentres. Investiga un poco y llévate un artículo que de verdad te recuerde el último viaje que hiciste.

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