¿Qué es el furoshiki?

Es muy importante el papel que elijas para envolver un regalo, porque sirve para decorarlo y ocultar el interior. El furoshiki es una técnica japonesa que utilizan telas con colores llamativos para envolver todo tipo de regalos.

Esta técnica apareció en el período Muromachi, es decir, entre los años 1392 a 1573. En aquel momento estas telas se usaban para envolver la ropa en los baños públicos.

Aunque se dejo de utilizar este arte después de la Segunda Guerra Mundial y muchos ciudadanos optaron por las bolsas de plástico, sobre todo, en las zonas más humildes del país.

En la actualidad el ministerio de Medio Ambiente japonés apuesta por el furoshiki para reducir el consumo de bolsas. Si quieres apostar por este arte milenario puedes utilizar diferentes tipos de telas, como la seda, el algodón y el nylon. Suelen estar decorados de motivos tradicionales nipones, y miden entre 45 y 120 cm.

Si no sabes cómo envolver un regalo puedes ver algún vídeo en YouTube, este arte permite envolver todo tipo de objetos utilizando solo dobleces y nudos.

Con esta técnica no es necesario tijeras, cinta adhesiva, aguja e hilo. Si quieres envolver un bolso, pero no sabes cómo, puedes conseguirlo anudando las puntas de la tela creando dos asas, sin embargo, para envolver un libro solo debes colocarlo en el centro del pañuelo formando un rombo, las puntas superior e inferior se doblan formando un triángulo que tape la parte superior del regalo, las de los lados se anudan dejando colgar el triángulo de tela resultante por debajo.

Para envolver una botella, colócala en el centro del pañuelo pero es importante que esté en la posición vertical, haz un nudo con dos puntas que coincida con el tapón. Puedes hacer otro nudo para crear una asa o hacer un lazo, enrolla los otros dos extremos alrededor de la botella y anúdalos en la parte delantera.

Apuesta por esta técnica para envolver tanto objetos grandes como pequeños, es decir, libros, botellas, peluches, una pelota o una sandía.
Un dato muy curioso es que en Japón la fruta se escoge como regalo, ya que es un producto de lujo que se vende como si de joyas se tratara.

En tiendas «gourmet» como Sun Fruits, en el lujoso centro comercial tokiota de Midtown, un racimo de uva te puede costar 210 euros, 13 euros una paraguaya y 160 euros las sandías cuadradas.

En este país hay muchos establecimientos que aportan información sobre la procedencia de los productos y una foto con la cara del agricultor. En otras tiendas también presentan fotografías con la evolución cronológica detallada de las frutas, desde que surgió el brote hasta su empaquetado definitivo.

La tradición nipona consiste en asistir a un cumpleaños con una cesta con fruta, ya que se trata de un producto de lujo y elegante.

Los japoneses celebran San Valentín de una manera especial, ya que existe una tradición que se conoce como ‘giri choco’, que consiste en que las mujeres deben regalar chocolate por obligación a los hombres, pero no solo a sus familiares, sino también a sus compañeros de trabajo.

«Esta práctica fue popularizada a finales de la década de los años 50 a raíz de un anuncio de la marca de dulces Morinaga, aunque ya en 1936 la confitería Morozoff de Kobe, en el centro del archipiélago, promocionaba chocolate para regalar en San Valentín en un periódico local editado en inglés y destinado a principalmente a extranjeros», informa el diario 20minutos.

Las japonesas están cansadas de esta tradición, ya que no quieren gastar dinero en esos regalos. Un canal de noticias japonés, SoraNews24, ha explicando que cada vez hay más mujeres que se niegan a dar estos regalos, así que está surgiendo una nueva tendencia llamada ‘gyaku choco’, que consiste en el que los hombres son los que regalan chocolate a sus mujeres, novias o amantes.

Aunque cada vez se regale menos chocolate por obligación, los japoneses aprovechan San Valentín para consumir chocolate. Japan Airlines regala chocolatinas a todos sus pasajeros y hay un resort cerca de Tokio que ofrece baños en lo que ellos han denominado “agua de chocolate”.

Si no te apetece regalar fruta ni chocolate, puedes apostar por el arte. Varios estudios científicos han comprobado que contemplar una pintura o una escultura pueden reducir el estrés.

Otra opción es contratar a un pintor retratista para que dibuje el rostro de la persona, el artista sólo necesitará una fotografía.

El pintor Eugeni Cabiró explica que antes de la aparición de la fotografía, para realizar retratos al óleo por encargo en la antigüedad, los artistas tenían que pedirle a la persona retratada que posara durante mucho tiempo, desde unos pocos días hasta varias semanas.

La técnica que se emplea para pintar la piel en los retratos es la pintura al óleo. Esta técnica es idónea para cuadros de paisajes y retratos, porque la calidad de los colores es muy alta.

Hay muchos artistas que apuestan por la pintura al óleo porque puede durar siglos sin perder color o calidad, además, necesita unos controles mínimos de conservación, limpieza y restauración.

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