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España necesita un nuevo centrismo euroliberal
Comienza un nuevo curso político. Pasaron los congresos de los partidos, y ha quedado dibujado el panorama político español para los próximos años. Y sin embargo, el artículo de Joaquín Calomarde aparecido el pasado 1 de agosto en las páginas del diario El País ("Nosotros los liberales"), nos demuestra una vez más que algo falta en la escena política española.
Mirando los números del Congreso de los Diputados, vemos que PP y PSOE ocupan el 90% de los escaños. Así lo decidieron los electores españoles y por tanto no hay nada que objetar. Pero es una cifra que hace de la pluralidad democrática una noción casi puramente teórica y este resultado se debe a que la oferta política fuera de algunas comunidades autónomas es mínima.
Visto desde Bruselas el cuadro ha quedado – ¡otra vez! – muy incompleto. Y conviene recordar cómo se pinta el cuadro político en la instituciones de la UE.
El PP, con la mayoría de los partidos conservadores europeos, se integra dentro del Partido Popular Europeo, y el PSOE en el Partido Socialista Europeo. Al igual que en España, en el Parlamento Europeo estos dos partidos son los dos mayoritarios pero, a diferencia de España, ocupan "únicamente" el 65% de los escaños.
La tercera fuerza política, con diferencia, es la que ocupa el centro del espectro político europeo: la Alianza de Liberales y Demócratas Europeos (ALDE), con 100 eurodiputados, es decir el 13% de los escaños.
En el Comité de las Regiones, la otra institución comunitaria de tipo parlamentario, la relación de fuerzas es parecida, aunque el porcentaje de ALDE es ligeramente mayor: el 15%.
Un 15% de los escaños en el Congreso de los Diputados de España equivaldría a un grupo político de 52 diputados. ¡Imagínense cuán distinta sería la política en España si hubiera una fuerza política centrista de este tamaño tal y como existe en Europa!
El liberalismo practicado por el grupo liberal europeo es bien distinto de aquel que dice defender el Partido Popular. Si no, ¿por qué entonces se integra el PP en el grupo conservador del Partido Popular Europeo? Y ¿por qué está afiliado a la Internacional Conservadora y la Internacional Democristiana, y no a la Internacional Liberal? Como dice Calomarde, "en España, hoy día, no existe un partido liberal (…) que busque conjugar lo mejor del pensamiento de Stuart Mill, Condorcet o Isaiah Berlín".
El último exponente en España de este liberalismo europeo fue el Centro Democrático y Social de Adolfo Suárez. Tanto es así, que Suárez llegó a presidir la Internacional Liberal. Por esta razón, y para no confundir al electorado español, es preciso distinguir entre el liberalismo europeo y aquel que dicen defender en el PP. Quizás en el contexto español habría que llamar al europeo euroliberalismo.
Si vemos que el euroliberalismo goza de mucha fuerza en el resto de Europa, ¿por qué han de ser los españoles distintos? ¿Por qué no han de disfrutar de una oferta política más variada?
El electorado de centro español está huérfano y se ve cortejado por los dos partidos mayoritarios. Pero los españoles no pueden estar a expensas de que estos partidos decidan mostrar una cara más o menos moderada según como sople el viento. Han de poder votar a un partido que nace en el centro y que quede anclado en el centro. En la Europa de hoy eso significa un partido euroliberal.
En un reciente artículo titulado "El Liberalismo Auténtico", Antonio Garrigues Walker describe perfectamente lo que aquí estamos llamando euroliberalismo. Dice Garrigues con acierto que "…el aumento de los niveles de complejidad en las sociedades avanzadas, tienen sumidos a conservadores y socialistas en un proceso de renovación y adaptación para el que no están preparados en forma alguna. No saben ni qué hacer ni cómo empezar." Y, citando a Ralf Dahrendörf quien dice que el liberalismo no es otra cosa que una teoría política de la innovación y el cambio, sentencia Garrigues: "y por ello es el sistema de pensamiento que mejor se adapta (…) a la nueva cultura y las nuevas opciones que están surgiendo en esta época fascinante que va a ser dominada por desarrollos científicos y tecnológicos espectaculares"
He aquí la razón principal por la cual millones de ciudadanos europeos se ven atraídos por el euroliberalismo. Porque observan, oyen, y leen respuestas a los grandes desafíos de este siglo que les demuestran que los fenómenos sociales, medioambientales y económicos que estamos viviendo se pueden afrontar con inteligencia, esperanza y confianza. Porque se ven atraídos por un movimiento político que rechaza la política del miedo y del proteccionismo; un movimiento cuya razón de ser es la innovación y el cambio en aras a abrir nuevas cotas de libertad para el individuo, sea cual sea su condición u origen, siempre buscando un justo equilibrio entre derechos y obligaciones para conseguir el mayor respeto posible de las libertades de cada uno.
En el siglo de la globalización, esto significa que rechazamos el nacionalismo económico y nos mantenemos firmemente abiertos al mundo. Siendo muy conscientes de los grandes desafíos y las grandes desigualdades que existen, abogamos por la potenciación de las instituciones internacionales que definan unas normas de comportamiento a escala global para permitir la libertad de movimiento de ciudadanos, ideas, bienes, servicios y capital, todo ello sin los abusos y las injusticias que observamos en tantos rincones del planeta.
Celebramos que el siglo de la globalización sea también el de la interdependencia a todos los niveles: entre continentes, entre estados, entre regiones y entre ciudades y municipios. El concepto de la independencia absoluta ha quedado obsoleto. En este siglo, la búsqueda del consenso y la creación de partenariados son ingredientes indispensables para poder hacer funcionar una sociedad. Esto requiere una política de diálogo, un esfuerzo permanente por generar relaciones de confianza y respeto mútuo, y un rechazo firme al enfrentamiento y a la descalificación.
El siglo de la globalización es también el de la diversidad. El país que no sepa sacarle el mejor provecho a su diversidad, el que esté reñido con ella, está condenado a quedarse rezagado. Los liberales europeos entendemos la diversidad y sabemos conciliar la necesidad de consenso y unidad de acción con el respeto a - y cuando es necesario, el fomento de - la diversidad. El lema de la Unión Europea es "Unida en la diversidad", y los españoles la aprobaron cuando votaron claramente a favor de la Constitución Europea en 2005. Si dicho lema nos vale para Europa, por coherencia nos tiene que valer para España. España: unida en toda su diversidad.
Por último, en este siglo de la economía global, no podemos pasar por alto la situación económica del país. La tasa de paro en España ha hecho saltar las alarmas y vemos que la economía española sigue dependiendo en excesiva medida de unos pocos sectores de actividad. Pero aún hay más: España es el quinto país de la UE en número de habitantes, pero ocupa el undécimo puesto en la clasificación de empresas que más invierten en investigación y desarrollo, con unas cantidades de inversión ¡veintitres veces inferiores a las de las empresas francesas y británicas, y cuarenta veces inferiores a las alemanas! El grandísimo potencial de los españoles no está siendo aprovechado adecuadamente. Hace falta, por tanto, un movimiento político dedicado a dinamizar la democracia y la economía españolas, a ampliar el abanico de sectores económicos de los que depende España, a activar a los ciudadanos y a potenciar la innovación, la educación, el espíritu emprendedor, y la creatividad cultural de este país.
Los liberales europeos nos interesamos por España ya que nuestra visión para Europa será dificil de realizar sin la participación activa de los españoles centristas y moderados. Observamos con gran interés la aparición de un nuevo partido, el Centro Democrático Liberal, que aspira a reagrupar a todas las fuerzas centristas de España en un proyecto común para las elecciones europeas y más allá. En este partido saben que estaremos ahí para apoyarles en su esfuerzo y deseamos que consigan conectar con el electorado español.
En 1986, cuando España ingresó en la Comunidad Económica Europea, se puso de moda aquello de “¡ya somos europeos!”. Significaba que por fin, España se unía a la familia de las democracias avanzadas europeas. Sin embargo, vemos que más de veinte años después millones de europeos disfrutan de una pluralidad política que la mayoría de españoles desconoce. El dia que en España exista un nuevo centrismo, un partido euroliberal consolidado en el espacio político, entonces se podrá decir "¡ya por fín sí que somos europeos!"
Sean O'Curneen
Presidente Nacional CDL
Secretario General Grupo ALDE, Comité de las Regiones de la UE, y miembro del Buró Político del Partido Liberal Europeo (ELDR)
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